sábado, 22 de enero de 2011

Final de la guerra

Austria-Hungría experimentó una prolongada crisis militar a partir de 1915. Los rusos ocuparon Galitzia y los italianos (que entraron en guerra ese mismo año, en virtud del Tratado de Londres) empezaron a amenazar su frontera sur. Los intentos de negociar un armisticio separado con los aliados fracasaron estrepitosamente y el Imperio pasó a depender totalmente de Alemania para su supervivencia militar. Mientras tanto, el proceso normal de Gobierno estaba fuertemente perturbado en el interior porque el bienintencionado pero inexperto emperdor Carlos se mostró pronto incapaz de mantener los lazos constitucionales de la monarquía, los eslavos habían sido fuertemente perturbados por la implantación de la ley marcial y la conversión de los territorios en zonas militares. Incluso los argumentos económicos para mantener unida la monarquía se estaban desgastando con gran rapidez.


 Toda la cuenca del Danubio estaba arruinada por una serie de malas cosechas y por el bloqueo de los aliados. Como consecuencia, cada una de las partes del Imperio se vei forzada a la autarquía económica. Para mayor desgracia, la revolución de marzo de 1917 disipó el espantajo de la opresión zarista y alivió así los eslavos dependientes del imperio austríaco de uno de su más grandes temores. El Gobierno Provisional de Rusia alentó de hecho el separatismo dentro del imperio de los Habsburgos al reconocer «el derecho de a naciones a decidir sus propios destinos». La revolución bolchevique de octubre de 1917 confirmó esta política y la puso en práctica el retirarse de la zona. La otra fuerza de cohesión que había sobre el terreno era la influencia alemana. Alemania fue derrotada en noviembre de 1918. No es ninguna casualidad que la inminencia de esta derrota acelerase el resquebrajamiento austrohúngaro. Cuando el emperador Carlos abdicó (11 de noviembre), Austria-Hungría ya no existía.


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